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Christine Loos su leadership, salute mentale e performance centrata sulle persone

Publicado: 9 de marzo de 2026

Christine Loos está al frente del desarrollo y la consolidación de las capacidades de Advisory y People Development de TELUS Health en la región EMEA. Vive en Madrid y aporta a su trabajo una perspectiva internacional, construida a lo largo de su experiencia en distintos países.

Con más de 15 años de experiencia en bienestar organizacional en Europa, Christine ha dedicado su carrera a ayudar a las organizaciones a crecer, fortaleciendo la calidad de vida en el trabajo y la salud mental tanto a nivel individual como organizacional. Su trabajo se ha centrado en el desarrollo de las capacidades de liderazgo, la promoción de entornos de trabajo saludables y el mantenimiento de la conexión humana en el centro, incluso cuando en organizaciones en crecimiento o transformación. Su rol actual, se sitúa en la intersección entre estrategia, liderazgo y cultura organizacional.

Descubre más sobre Christine y su visión de lo que significa hoy ejercer un liderazgo eficaz.

¿Puedes contarnos algo sobre tu trayectoria y sobre el foco principal de tu rol en TELUS Health?

Soy originaria de Bélgica y actualmente resido en Madrid. He tenido la suerte de tener una trayectoria profesional internacional y la oportunidad de vivir y trabajar en ocho países distintos en cuatro continentes. Esa experiencia ha influido profundamente en mi manera de entender las organizaciones y el liderazgo.

En TELUS Health, mi papel consiste en integrar y desarrollar, a escala EMEA, las capacidades de Advisory y People Development, incluyendo las áreas de Consulting, Learning y Coaching, fruto de nuestras adquisiciones más recientes. El objetivo es conectar capacidades y enfoques distintos, alinearlos bajo una cultura organizacional de servicio y apoyo al cliente y hacer que cada realidad mantenga sus puntos fuertes dentro de una visión común a nivel global.

Fundamentalmente, mi papel se centra en apoyar sinergias, alinear perspectivas y generar coherencia, uniendo equipos y geografías diferentes.

Has trabajado en distintos países. ¿Cómo has visto cambiar, de una cultura a otra, las expectativas sobre el liderazgo y los enfoques en torno al bienestar de las personas? ¿Y qué verdades más globales has descubierto?

Trabajar en distintos países te hace ver hasta qué punto los estilos de liderazgo pueden variar. Las expectativas culturales influyen en cómo se comunica la gente, cómo toma decisiones o cómo expresa la autoridad. Pero hay algunas cosas que siguen siendo universales: las personas necesitan claridad, incluido en lo que aún es incierto, confianza, una dirección y un sentido. 

Me gusta pensar el liderazgo como el papel de un director de orquesta: no se trata de tocar cada instrumento, sino de dar armonía al conjunto. La tarea de quien lidera es ofrecer una dirección clara, generar cohesión y poner a las personas en condiciones de dar lo mejor de sí. Escuchar de verdad, confiar y dejar espacio a la autonomía es fundamental, especialmente en contextos interculturales. Lo que funciona con un equipo puede no funcionar con otro, y saber reconocer esas diferencias ayuda a evitar errores y a construir grupos de trabajo sólidos y equilibrados.

En distintas culturas, los líderes que consiguen crear los equipos más eficaces y saludables suelen compartir cualidades similares: inteligencia emocional o visión y capacidad de delegar con confianza, entre otros.

Hablas a menudo de la importancia de que quien lidera conecte consigo mismo y sepa dar un paso atrás. ¿Cómo lo haces tú en la práctica, sobre todo en un rol global como el tuyo?

Con el tiempo he aprendido que no consigo ser una líder eficaz cuando no estoy alineada conmigo misma. Si me siento desconectada de mi objetivo o actúo sin un sentido claro, eso influye inevitablemente en mi manera de liderar a los demás.

Por eso intento crear momentos para parar, dar un paso atrás y reconectar con lo que de verdad importa. Preguntarme si mis decisiones son coherentes con mis valores y con mi propósito es una práctica importante para mí.

En un contexto en el que las organizaciones se enfrentan constantemente a la incertidumbre, la complejidad y el cambio, la estabilidad interior de quien lidera se vuelve fundamental. Ser capaz de mantenerse en calma y con los pies en la tierra tiene un impacto real en las personas que nos rodean.

¿Cómo pueden las organizaciones apoyar el liderazgo femenino sin reforzar de forma involuntaria el estereotipo de que el trabajo emocional es “cosa de mujeres”?

Intento siempre no atribuir cualidades de liderazgo a un género. No creo en un “liderazgo femenino” frente a un “liderazgo masculino”. Existe un liderazgo eficaz y un liderazgo ineficaz.

Lo que sí veo es una evolución más amplia en la forma en que las organizaciones definen un liderazgo eficaz. Durante muchos años, el liderazgo ha valorado el mando, la jerarquía y el dominio técnico, premiando a quienes sabían afirmar su autoridad y obtener resultados, a menudo en detrimento de otras personas más alineadas con los valores, misión o visión de la empresa. Hoy existe una conciencia creciente de que un rendimiento sostenible también depende de competencias emocionales y relacionales.

No se trata de una cuestión de género, sino de una evolución más amplia del propio concepto de liderazgo. La diversidad tiene sin duda un papel en este proceso, pero lo que realmente importa es la conciencia cada vez mayor de que la escucha, la confianza, la seguridad psicológica y la capacidad de gestionar el propio estrés influyen directamente en el compromiso de los equipos y en el bienestar mental de las personas. En nuestro trabajo lo vemos cada día.

No hablamos de cualidades innatas, sino de competencias que pueden desarrollarse con el tiempo. La formación, el coaching y los programas de liderazgo pueden ayudar a quien lidera a reflexionar sobre su enfoque, superar ciertos patrones habituales y construir un estilo de liderazgo más maduro y eficaz.

Por tanto, la conversación no debería centrarse en crear un modelo de liderazgo distinto para las mujeres. Debería centrarse, más bien, en transformar los modelos de liderazgo para todas las personas.

Dicho esto, los programas de liderazgo dirigidos a mujeres pueden ser útiles para hacer más equitativos los itinerarios de crecimiento. El coaching, la mentoría y los espacios de reflexión pueden ayudar a muchas profesionales a reforzar su liderazgo, ampliar sus redes de relación y ganar la visibilidad necesaria para acceder a puestos de mayor responsabilidad. No porque exista un estilo de liderazgo “femenino”, sino porque, todavía hoy, los contextos y las trayectorias profesionales no ofrecen siempre las mismas oportunidades a todo el mundo.

El riesgo de reforzar los estereotipos aparece cuando las responsabilidades emocionales y relacionales siguen siendo informales o invisibles, dando por hecho que son las mujeres quienes deben ocuparse de forma natural de la cohesión del equipo, la escucha o la regulación emocional. La solución no es restar importancia al trabajo emocional, sino reconocerlo y profesionalizarlo.

Las organizaciones deberían hacer explícitas y medibles estas competencias, e integrarlas como parte de las expectativas de liderazgo para todas las personas, incorporándolas a los programas de desarrollo, a los criterios de promoción y a los sistemas de evaluación del desempeño. Cuando las organizaciones formalizan y valoran las competencias emocionales y relacionales en todos sus líderes, apoyan a las mujeres sin aislarlas y construyen entornos de trabajo más humanos y sostenibles.

¿Cómo se crea seguridad psicológica cuando una organización atraviesa cambios importantes o una fuerte incertidumbre, que hoy parecen casi la norma?

Una de las cosas que más ansiedad genera en las personas es la falta de referencias claras. Por eso creo que, en momentos de incertidumbre, la tarea de quien lidera no es aumentar el control, sino ofrecer orientación. Dar claridad sobre prioridades, expectativas y objetivos ayuda a las personas a entender dónde concentrar su energía y reduce de forma concreta la sensación de desorientación.

La estabilidad del líder también puede actuar como un elemento de contención para las personas. Quien lidera debe saber gestionar su propio estrés y encarnar un modelo de calma y resiliencia. Operamos en un contexto de incertidumbre, ambigüedad y complejidad constantes. En este escenario, el estado interior de un líder importa muchísimo.

Hay una frase del monje budista vietnamita Thich Nhat Hanh sobre la que reflexiono a menudo. Decía: “Cuando las embarcaciones abarrotadas de refugiados vietnamitas se encontraban con tormentas o piratas, si todos entraban en pánico, todo estaba perdido. Pero bastaba con que una sola persona en la barca permaneciera calmada y centrada. Era suficiente. Mostraba el camino para que todos pudieran sobrevivir”. Me parece una imagen muy poderosa. En muchos sentidos, el liderazgo funciona exactamente así.

Al mismo tiempo, un entorno de trabajo saludable no es un lugar donde todo el mundo está siempre positivo o tranquilo. No se trata de reprimir las emociones. El miedo, la frustración o incluso la rabia son reacciones normales durante el cambio. La clave no es eliminar esas emociones, sino crear el espacio para que puedan expresarse de forma segura.

Un entorno psicológicamente saludable es un espacio en el que las emociones pueden ser reconocidas, escuchadas y reconducidas de forma constructiva. Cuando las personas se sienten escuchadas en lugar de juzgadas, la ansiedad disminuye y aumenta la inteligencia colectiva, las sinergias, el trabajo en equipo...

Por último, la incertidumbre también puede replantearse como una oportunidad. Los líderes pueden ayudar a los equipos a ver los momentos de inestabilidad no solo como amenazas, sino también como espacios de innovación, crecimiento y reinvención.

Las generaciones más jóvenes están redefiniendo lo que significa liderazgo. ¿Qué es lo que más te ilusiona de este cambio? ¿Hay algo que te preocupe?

Me parece muy positivo que las generaciones más jóvenes estén cuestionando algunas creencias muy arraigadas sobre el trabajo.

Dan mucha importancia al equilibrio, la flexibilidad, las relaciones y el sentido de lo que hacen. En muchos sentidos, están empujando a las organizaciones a replantearse qué significa un liderazgo y hasta un modelo de negocio sostenible.

Este cambio puede ser muy positivo. Anima a las empresas a construir culturas en las que el rendimiento y el bienestar no se vean como opuestos, sino como elementos que se refuerzan mutuamente.

El reto para las organizaciones es adaptarse con la suficiente rapidez y demostrar que los roles de liderazgo pueden ser compatibles con una vida saludable y equilibrada.

¿Cuál es la principal idea que te gustaría que todo líder comprendiera sobre la relación entre su comportamiento y la salud mental de las personas?

Si hay algo que me gustaría que todo líder comprendiera de verdad, es hasta qué punto su comportamiento influye en la salud mental y en el rendimiento del equipo. El liderazgo no consiste en ser la persona más brillante o la mejor de la sala. Consiste en crear las condiciones para que los demás puedan estar bien y dar lo mejor de sí.

Un entorno de trabajo psicológicamente seguro es un lugar donde las personas se sienten confiadas para poder hablar, compartir ideas e incluso cometer errores, sin temor a las consecuencias. Significa reconocer que la inteligencia es colectiva, no individual, y que la fortaleza de un equipo depende de la capacidad de desarrollar y poner en valor a cada persona.

Los líderes que entienden esto se centran en hacer crecer al equipo, no a sí mismos. Dan ejemplo con curiosidad, humildad y resiliencia. Ofrecen claridad y apoyo, dejando al mismo tiempo espacio para que las personas puedan asumir responsabilidades y crecer.

En resumen, un gran liderazgo consiste en crear un entorno en el que el equipo pueda crecer, expresar su mejor versión, innovar y prosperar.

¿Cuál es la principal forma en la que cuidas tu propio bienestar?

La principal forma en la que cuido mi bienestar es reservándome momentos de quietud, ya sea a través de la meditación, de un paseo por la naturaleza o de tiempo en soledad. Me ayuda a mantenerme centrada, a reconectar con mi instinto y mi intuición, y a conservar la calma y la claridad que necesito.

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